Por si no os habéis dado cuenta

•enero 20, 2009 • Dejar un comentario

Abandoné este blog. Pero publicaré mis textos en http://leonenjaulado.blogspot.com

Os espero.

Trabajo de secundaria

•diciembre 29, 2007 • Dejar un comentario

-Maestra, ¿le permite salir a Fulano?

Sabía a lo que se atenía. Sus piernas temblaban debajo del pupitre cuando escuchó esas palabras. Desde fuera del aula, hablaba un chico pálido y delgado, muy bien peinado y muy bien portado; el favorito de todos los maestros. La profesora hizo una seña y Fulano se levantó de su asiento, salió del salón y escuchó las burlas de sus compañeros, los siseos y los “uuh”, mientras la profesora gritaba para callarlos.

Caminaron por los pasillos durante un minuto. Fulano lo había cronometreado: desde su salón hasta el baño era un minuto, caminando sin prisa, como en ese momento. El chico pálido entró primero y él entró después.

Fulano se había pasado todo el camino observando sus pies, y no se dio cuenta sino hasta ese momento que el otro chico también estaba temblando. No había nadie en el baño, como no había nadie en los pasillos. Estaban en medio de una hora de clase, así que estaban relativamente solos.

-Bueno…

Esa muletilla sonó para Fulano como una molesta regla de metal cayendo al suelo. Se había perdido observando sus agujetas, como esperando que le hablaran, cuando el otro chico habló. Se encerraron en el cubículo, después de mirar hacia todos lados varias veces, y el chico pálido se desabrochó el pantalón. Fulano se hincó y observó el pálido miembro de su compañero. Nunca había visto otro que no fuera el suyo y el de los actores porno que, por lo general, lo tenían enorme, y no le pareció la gran cosa; a ojímetro calculó que debía medir unos catorce centímetros, apenas un poco menos que el suyo propio.

Se lo metió a la boca con asco y saboreó algo salado. Luego, cerrando los ojos muy fuerte, lamió y succionó como si fuera un dulce, repitiéndose para sus adentros “es un dulce, es un dulce”.

De pronto, escuchó el grito ahogado del otro chico y abrió los ojos; el pálido lo empujó con brusquedad y se subió los pantalones, mientras Fulano quedaba aturdido, hincado en el asqueroso suelo, junto al inodoro. La puerta del cubículo se abrió y el rostro del conserje se tornó en una mueca extraña entre asco y asombro.

Fueron a caer en la oficina del director y no salieron de ahí hasta que las madres de ambos llegaron. Las dos mujeres profirieron gritos y amenazas, luego fueron calmadas por el señor viejo y bigotón que tenía esa escuela a su mando y finalmente hubo un diálogo tenso y molesto en el que ninguno de los dos muchachos participó.

Las cosas quedaron así: el chico pálido elevaba hasta el cielo la imagen de la escuela, así que fue dispensado. El otro chico fue expulsado, aunque a todos se les dijo que se había mudado de ciudad y que por eso había dejado la escuela. Eso fue cierto: la madre se llevó a Fulano a vivir a la capital, donde había tanta gente que se mareaba. A nadie se le contó el incidente, y el conserje recibió una interesante suma de dinero que aseguraba mantenerlo más mudo que una jirafa.

Cuatro años después, cuando Fulano iniciaba sus estudios de licenciatura, se volvieron a encontrar. El muchacho pálido estudiaba arquitectura en la universidad, y Fulano estudiaba ingeniería, así que estaban bastante cerca uno del otro. Sólo conversaron una vez, y Fulano se enteró que el otro había salido del clóset en la prepa y que, a pesar de que su madre lo había corrido de la casa, estaba muy bien, pues vivía con otro muchacho mayor y trabajaba en las tardes como mesero en el bar donde su novio bailaba. Al final de su plática, le pagó a Fulano los cincuenta pesos que le había prometido, durante la secundaria, por el trabajito y se despidió de él, con una enorme sonrisa en la cara.

Y Fulano nunca más tuvo experiencias con otro hombre, pues se sentía bastante convencido de su gusto por la mujer. De todas maneras, practicó durante un tiempo yoga, con la esperanza de, algún día, alcanzar…

Amantes, tal vez. (I)

•agosto 6, 2007 • 5 comentarios

“Odio que fumes”, dijo sin alterarse. Sabía que de todos modos no iba a dejar de fumar. Era casi rutinario.

“Lo sé”, le contestó “, algún día…”

No terminó la frase; no valía la pena decir mentiras. De todos modos apagó el cigarro cuando se acercó a él. Se fundieron en un beso.

“Apestas”, le dijo el otro. Y era verdad: el olor del cigarro le hacía sentirse enfermo. Pero no podía dejar de besarlo.

Su vida no era perfecta, pero era suya. Por fin algo era suyo de verdad.

Dulce

•julio 31, 2007 • 2 comentarios

Me encontré con esta joyita hace poco… no digo joyita porque sea bueno, sino porque es valioso para mí; el primer cuento escrito por mí que se conserva (antes había escrito más, pero dónde quedaron, sólo Dios sabe). Según la computadora, marzo del 2003, aproximadamente… más de cuatro años.

*

—Perdón —se disculpo él, bajando la cabeza, apenado

   —¿Cómo pudiste? —pregunto ella— ¡¿Cómo te atreviste a engañarme?!

   —Yo… —dijo él— Yo te amo, cariño, te aseguro que esto no volverá a pasar

   Ella callo por unos minutos, el silencio en la habitación era desgarrador, ella se volteo hacia su mesita de noche, y se puso a juguetear con un cuchillo que ahí había

   —Y dime… ¿Qué vas a hacer ahora?

   —Voy a regresar al ejercito, cariño, voy a terminar mi servicio y voy regresar, y casarme contigo… si es que me disculpas

   El silencio volvió a reinar. Finalmente, ella hablo

   —Esta bien, te perdono —dijo, y luego añadió— ¡Pero que no se vuelva a repetir!

   —Eh… Es-esta bien —dijo él— mi rayo de luz

   Ella sonrió complacida

   —¡Ay! ¡Tu eres siempre tan dulce!

   Él se acercó a ella, la abrazó, y la lleno  de besos, ella correspondió al gesto, y así estuvieron durante unos minutos

   —Eres muy dulce —repitió ella

   —Gracias, pero no tanto como tú —sin decir nada más, se dio la vuelta y s camino hacia la puerta abierta

   —¿A dónde vas?

   —Al campamento, el general me espera —y caminó hasta casi salir de la habitación

   —Un momento —dijo ella, quien se había vuelto hacia su mesita, y jugueteaba con los objetos que ahí había, el se detuvo, sin voltearse— ¿Sabes que es lo único más dulce que tú?

   Él se volteo sonriente

   —Tú —dijo

   —No —dijo ella sin voltearse a verlo—, la única cosa mas dulce que tú es —y se volteo bruscamente—… Venganza

   Y al caballero más le hubiera valido no engañar a su dulce doncella.

 *

 PS: Lo publico tal y como venía, con todo y faltas de hortografia y errorse de dedo.

Ése no es mi papá

•julio 24, 2007 • 2 comentarios

Recuerdo que cuando mi padre se fue yo ya no lo quería.

            Él engañaba a mi mamá, yo lo sabía. Todos lo sabíamos, incluso yo, que tenía cinco años. Todos menos mi mamá. Ella se enteró como en las telenovelas; entró a la habitación y los cachó en plena movida, a él y a la tía Paca. (Le decíamos tía Paca porque siempre estaba en la casa y era algo así como la “hermana” de papá. Claro que no era mi tía, por suerte). Lo peor del asunto es que yo estaba junto a mi mamá, de la mano, cuando entró en la habitación. Entramos.

            El divorcio fue, creo, rápido. La verdad ni me acuerdo de cómo fue, pero sé que mi papá no luchó por mi patria potestad. Yo no lo quería y él tampoco me quería. Desde entonces las cosas mejoraron; lo único malo es que mi mamá empezó a trabajar el doble y se cansaba mucho. Lo bueno fue cuando nos fuimos a vivir con mi abuelita. Ella hacía de ama de casa y mi mamá trabajaba. Ellas eran papá y mamá.

            También dejé de vivir con miedo. Bueno, casi siempre, porque papá viene una vez al año y entonces me da miedo. No me gusta verlo, pero me aguanto porque siempre me da dinero. Creo que ahora me odia más, pero está avergonzado; eso es bueno.

            Y tengo dos medios hermanos que hacen uno entero. Pero no les hablo y ellos no me hablan; creo que ellos no me consideran su hermano. Yo tampoco.

            La nueva esposa de mi papá es tía Paca. Ella lo obligó a casarse cuando resultó embarazada y él estaba tan avergonzado que lo hizo; ahora él le pone el cuerno, pero a ella no le importa, mientras le dé dinero. Él es muy débil. Obviamente ya no llamamos tía a la tal Paca. Mi mamá le sigue diciendo perra, pero ahora lo hace riendo.

            Y ya no llora.

Azul y rojo son como tú y yo.

•julio 8, 2007 • 3 comentarios

Y el mundo que camina, distante,
me hace sentir natural  donaire.
La distancia del mundo, constante,
me hace morir por la falta de aire.

Soltura, sencillez, elegancia…
todo me lo da el orbe lejano,
pero su tan distante fragancia
no hace más que asesinarme en vano:

Suerte me da no conocer vida,
hecho que es musa a mi lira ardiente;
mas, al llegar a mi tierra perdida
vive mi sangre y mi alma es muerte.

Sencillo es el asunto siguiente:
que mi azul no convida a mi rojo;
así pues, conclusión pendiente:
hoy durmámonos, abierto un ojo.

Intento de Soneto Y

•junio 19, 2007 • 2 comentarios

* Siempre he sentido especial fascinación por la poesía en verso, con rima y métrica perfectas. Por eso siempre he amado en secreto a Sor Juana Inés de la Cruz.

* No me considero poeta, me considero narrador. Pero más que poeta o narrador, soy escritor.

Intento de Soneto Y **

El cantar del amor de mis amores,
tendido, pérfido y arrepentido,
me hace suponer mejor partido
al amor del amor de mis cantares.

En respuesta a mi fe a Dios acudo,
a rezar para no perder el juicio,
porque tú te has convertido en mi vicio
y mi muerte con tu dosis escudo.

Es mi dosis de ti, que añoro y lloro,
si no la tomo, sabes que me muero;
bien lo sabes, bendito amor de oro,

y quisieras poder darme mi suero,
pero sabes, sabes a voz de coro
que tu vida a mí no me da fuero.

** No se llama intento de soneto porque sea fallido, sino porque algunas de sus características lo alejan de ser, estrictamente hablando, un soneto.